"Vivimos en un mundo al revés: los artistas que tienen más preparación reciben menos recursos, menos remuneración, menos exposición y menos visibilidad que aquellos improvisados manejados a través de herramientas de publicidad. Sin duda, esto es posible porque privan más las estructuras de mercado que la calidad. Y la sociedad es responsable en una buena medida: nos hemos hecho cómplices de la mediocridad."
En este siglo, el artista real tiene sobre sus hombros la
responsabilidad de llenar de cultura a un mundo apático y superficial. A
quienes creemos en la esencia del arte, no nos queda más que celebrar
la inteligencia y escabullirnos por parajes que nos alejen de la
incertidumbre.
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