Gilles Lipovetsky es un filósofo y sociólogo francés.
Es profesor
agregado de filosofía y miembro del Consejo de Análisis de la Sociedad y
consultor de la asociación Progrès du Management. En sus principales
obras (en particular, La era del vacío) analiza lo que se ha considerado
la sociedad posmoderna, con temas recurrentes como el consumo, el
hiperindividualismo contemporáneo, la hipermodernidad, la cultura de
masas, el hedonismo, la moda y lo efímero, los mass media, el culto al
ocio, la cultura como mercancía, el ecologismo como disfraz y pose
social, entre otras. Es profesor de la Universidad de Grenoble.
En 1983 publicó La era del vacío, un texto en el que ya están puestos los cimientos de su visión de la sociedad actual. En él articula los grandes conceptos que le han proporcionado una reputación intelectual bien ganada: proceso de personalización, destrucción de las estructuras colectivas de sentido, hedonismo, consumismo, tensiones paradójicas en los individuos y en la sociedad civil, la seducción como forma de regulación social, rechazo de la violencia política y aumento de la consideración ciudadana de los valores de la democracia.
La aparición en 1987 de El imperio de lo efímero convirtió a Lipovetsky en un intelectual globalizado con una inmensa capacidad de convocatoria.
Cuando Lyotard acuña el concepto de “postmodernidad” a finales de los años setenta y escribe que ya “se han acabado los grandes relatos”, se palpa en las sociedades desarrolladas de todo el mundo una potente sensación de liberación. El “narciso” cool, individualista y consumista que tan bien retrata Lipovetsky en La era del vacío y El imperio de lo efímero es un ser optimista en su gozo, un individuo que vive el presente, olvidado del pasado y sin preocupación por el futuro. Veinte años después, esa euforia de los años postmodernos ya no es la misma. En Los tiempos hipermodernos, Lipovetsky advierte al lector del fin de la euforia. El hedonismo del presente que caracterizó los años ochenta -la movida madrileña constituye una magnífica ilustración- ya no existe. En la hipermodernidad, el desempleo, la preocupación por la salud, las crisis económicas y un largo sinfín de virus que provocan ansiedad individual y colectiva se han introducido en el cuerpo social.
En 1983 publicó La era del vacío, un texto en el que ya están puestos los cimientos de su visión de la sociedad actual. En él articula los grandes conceptos que le han proporcionado una reputación intelectual bien ganada: proceso de personalización, destrucción de las estructuras colectivas de sentido, hedonismo, consumismo, tensiones paradójicas en los individuos y en la sociedad civil, la seducción como forma de regulación social, rechazo de la violencia política y aumento de la consideración ciudadana de los valores de la democracia.
La aparición en 1987 de El imperio de lo efímero convirtió a Lipovetsky en un intelectual globalizado con una inmensa capacidad de convocatoria.
Cuando Lyotard acuña el concepto de “postmodernidad” a finales de los años setenta y escribe que ya “se han acabado los grandes relatos”, se palpa en las sociedades desarrolladas de todo el mundo una potente sensación de liberación. El “narciso” cool, individualista y consumista que tan bien retrata Lipovetsky en La era del vacío y El imperio de lo efímero es un ser optimista en su gozo, un individuo que vive el presente, olvidado del pasado y sin preocupación por el futuro. Veinte años después, esa euforia de los años postmodernos ya no es la misma. En Los tiempos hipermodernos, Lipovetsky advierte al lector del fin de la euforia. El hedonismo del presente que caracterizó los años ochenta -la movida madrileña constituye una magnífica ilustración- ya no existe. En la hipermodernidad, el desempleo, la preocupación por la salud, las crisis económicas y un largo sinfín de virus que provocan ansiedad individual y colectiva se han introducido en el cuerpo social.
Para
Lipovetsky el desarrollo de la globalización y de la sociedad de mercado
ha producido en estos años nuevas formas de pobreza, marginación,
precariedad del trabajo y un considerable aumento de temores e
inquietudes de todo tipo. Sin embargo, la sociedad hipermoderna no ha
supuesto la aniquilación de los valores. Al contrario, el hedonismo ya
no estimula tanto, la extrema derecha no ha tomado el poder y el
conjunto de la sociedad no ha caído en desviaciones xenófobas y
nacionalistas. La dinámica de la individualización personal no ha
supuesto que la democracia pierda firmeza o se aleje de sus principios
humanistas y plurales. Los derechos humanos siguen constituyendo uno de
los principios morales básicos de la democracia. La dinámica del
individualismo refuerza, en opinión de Lipovetsky, la identificación con
el otro. El culto al bienestar conduce, aunque parezca paradójico, a
que los individuos sean más sensibles al sufrimiento ajeno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario